He llorado. Pero arreglé mi molinillo de café.

He llorado. Pero arreglé mi molinillo de café.

Mi trabajo de atención al público es relativamente sencillo. Manejo varias aplicaciones informáticas, doy citas de atención primaria y especializada, cojo el teléfono, entrego recetas y partes de baja, gestiono tarjetas sanitarias…

Parte de esa sencillez desaparece y se torna complejidad en lo relativo a las tarjetas sanitarias, condición de asegurado, derecho o no a la asistencia sanitaria, facturable o no, tratamiento del cargo a terceros en casos de accidentes con coches o perros, etc.

El ambiente en general está enrarecido, y cada vez más. Se juntan muchas cosas: ese paro que aumenta, esas personas que dejan de cotizar a la seguridad social y te preguntan sorprendidas que cómo es que ellas no tienen médico, que llevan pagando toda la vida a la seguridad social y que qué pasa si se ponen malas, y que no entienden que hay que hacer unos trámites para poder seguir teniendo cobertura sanitaria.

Putos trámites.

El centro de salud cada vez tiene menos dinero para cubrir ausencias, con lo que no se puede tener el 100% de médicos o enfermeros y lo que acarrea demora en primeras citas o sucesivas.

El tránsito de Venus y la Luna llena. ¿Afectará también?

La cosa es que una pareja de indignados ya en su quinta década de vida ha venido a volcar todas las frustraciones de los putos trámites y la energía negativa de Venus y su puta madre al mostrador.

A mi mostrador.

No entienden que aunque ella sea venezolana casada con español, hay determinados trámites que hay que hacer, fechas que actualizar, documentos de beneficiarios que rellenar y sellar, y mil cosas. Y lo achacan a que yo, como Administración, les tengo que avisar por teléfono para decirles que falta tal o cual cosa, y que no se preocupen que estaré esperando un sábado para atenderles a ellos más cómodamente. Y una bandeja de pasteles del catering Mallorca.

La bronca que me he llevado (bendita mampara de vidrio) se hace más kafkiana cuando pienso que estuve hablando con el señor abogado esposo de la señora periodista (sí, sus profesiones han salido a la luz en la conversación en el modo de “es que yo soy abogado eh?”) la semana pasada por teléfono informándole de todo lo que necesitaba, siendo la conversación más extrañamente amable que he tenido en semanas.

Me tocó el abogado bipolar en la tómbola del jueves.

Tras vanos intentos de hacerles entrar en razón y explicarles la naturaleza de las relaciones administrativas, hice el trámite en silencio escuchando sus paranoias y adiós muy buenas.

Pero estaba temblando.

Puede que sensible aún de la discusión ayer con una compañera, que también da para un libro, me puse a llorar. Me levanté de la silla y me fui a una salita a calmarme, no me vio nadie. No me avergüenzo de llorar, aquí estoy escribiendo de ello. Pero no quería que nadie me viera frágil, porque no lo soy. Soy fuerte.

Sietecarreras, me la sudas tú, tu abogacía, tu culo gordo y tus gafas Paco Rabanne. Tu carpeta azul de gomas y tus libros de derecho administrativo. Y dime en qué periódico escribe tu señora esposa para limpiarme el culo con él mañana por la mañana.

¿Porque sabes qué? He venido a mi casa y he arreglado mi molinillo de café.

Esta es mi vida, mi casa, mi novia a la que quiero y me apoya y a quien preparo cafés con café recién molido todas las mañanas. Y eso donde me gritas, es un teatro. Mi personaje de auxiliar administrativo con el que me gano escasos mil doscientos euros y que está a cinco minutos de mi casa. Andando.

No vais a ser vosotros los que me amarguéis mi vida, porque lo que hago en ese centro de salud no es mi vida. Mi vida está aquí, en mi salón, escribiendo desnudo, con el portátil quemándome los huevos y los auriculares escuchando no sé qué grupo islandés, con Miriam haciendo la declaración de la familia en la otra habitación.

Esta es mi vida, y aquí no llegas, sietecarreras. Aquí no me haces daño.

4 thoughts on “He llorado. Pero arreglé mi molinillo de café.

    • De estos tengo fichados a varios en el pueblo, incluso a uno que lleva un puticlub y trae a las chatis. Mantenemos las distancias y ya. A este no había tenido el dudoso placer de atenderle.

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