La crisis de confianza hacia el empleado público y un niño quemado

Se les llena la boca diciendo que la Sanidad, con mayúscula, la general, la española y universal, es deficitaria.

Qué difícil es calcular cuánto vale una vida. Salvarla, o mejorarla.

¿Verdad que sí, políticos, que es complicado? Lo que no es complicado son las comisiones por obras, por recalificaciones, o pasar facturas de comilonas porque sí. Eso es muy fácil. El baile de los maletines es el más sencillo y gratificante.

Un corazón transplantado. Un scalp cosido. Curar una infección de un piercing. O bajar una fiebre. Todo son costes, claro. Todo es déficit. Abajo la Sanidad. Puta Sanidad. O putos Profesores, o puta Justicia, o putos bomberos que no hacen más que gastar agua y dormir. O puta Policía, pero eso sí, doscientos en el Congreso para sus señorías. Asco de Investigadores, que esto no es Harvard. Asco de Inspectores de Hacienda, que están todo el día mirando el ordenador. Mierda de Guardia Civil que vela por la seguridad vial, por las drogas en los aeropuertos o está pendiente de vertidos ilegales en los ríos.

Abajo la Administración.

Fuera todos, a la calle, privilegiados de mierda, ¿qué pretenden, que seamos como Dinamarca? ¿O Finlandia? Quita quita, que aquí en España hace calorcito y lo que hay que hacer es cobrar en negro, y luego quejarse de la poca prestación por desempleo. Hay que hacer muchos chanchullos. Y feos. Lo que sea, con tal de conducir un A8 a toda velocidad y que te la pelen las multas. Hay que ser un fuera de la ley, un ser oscuro y traidor con Hacienda, todo lo que sea posible, y defraudar IVA, y llenar los ladrillos de la casa con rollos de billetes de 500 euros.

Tonto el último.

Funcionario el último.

Esta pequeña historia va dedicada a todos aquellos a los que se les llena la boca con palabras como ajustes, déficit, más horas y menos sueldo, menos días libres, sois unos privilegiados porque tenéis trabajo para toda la vida. Es una pequeña historia de tantas en este país.

Mi trabajo. Un centro de salud cualquiera. Eran aproximadamente las 12:20 cuando veo a una pareja sofocada llevando en brazos un bulto. Vienen corriendo. La típica imagen que dispara la alarma a los que llevamos tiempo en esto.

“Viene una urgencia, llevan un niño en brazos”, pienso. Voy a coger el teléfono para llamar a la única pediatra que tenemos en turno de mañana para una población de más de 23.000 personas, pero ¡oh contrariedad! los interfonos no funcionan.

No funcionan porque desde hace dos meses estamos esperando que la Subdirección General de Infraestructuras de la Comunidad de Madrid, esa Comunidad que no sale en las noticias como aquellos lugares donde ha habido cambio de gobierno – pero cuentan las buenas lenguas que ha pedido un préstamo a la financiera de El Corte Inglés para pagar nuestras nóminas de diciembre – aún no ha dado el visto bueno a la compra de dos transformadores eléctricos de nuestra centralita telefónica.

Así que, en un baile nunca entrenado pero siempre bien coordinado, mi compañera se levanta para echar un vistazo al niño y llevarle rápidamente a nuestra sala de urgencias, en la que ya hay un paciente con un suero puesto y únicamente cabe otro paciente más, este niño. Y mientras yo voy a la consulta de la pediatra a avisarle, perdiendo un tiempo precioso porque no hay interfonos. Puede que nos pongan patines como al personal del Alcampo.

Esto sí es una urgencia.

El niño venía con una quemadura de segundo grado por agua hirviendo. Lateral de la cabeza y cara, tórax y parte del abdomen.

Escalofriante.

Señores políticos, personajillos de la CEOE, directivos de empresas que estáis deseando hincarle el diente a la jugosa factura sanitaria española, sacad un excel y calculad costes de este niño quemado. Venga.

Político, habla sobre el déficit que tiene este centro de salud, o sobre los recortes a nuestros salarios porque somos privilegiados, mientras que a este niño se le cae la piel a la camilla. O sobre lo que gasta en vaselina para proteger estas quemaduras. O el agua y jabón para lavarse las manos y no infectar esas heridas. O el número de botellas de lejía que se han usado para limpiar los suelos.

¿Privilegiados con trabajo para toda la vida? Cuando el 50% del personal que trabaja en este centro no es funcionario, son interinos a los que se les puede “no renovar” el contrato que les hace la Comunidad de Madrid trimestralmente.

Los siguientes pasos del baile son los clásicos. La enfermera de guardia que no ha tenido ni un minuto de descanso entrando en la sala de curas, la única auxiliar de enfermería del centro yendo y viniendo a por material, otra compañera intentando que la madre se tranquilizara, la pediatra que acude a valorar y decidir, que llama al 112 para que venga una ambulancia con soporte vital. Que se presenta en 5 minutos, que valoran al niño y que deciden que hay que trasladarle al Hospital de La Paz, a la unidad infantil de quemados.

Hospital en el que nací yo, por cierto. Desde el que mi madre veía entrenar al Real Madrid en la ciudad deportiva que ya no existe.

El SUMMA 112, otro servicio presionado por los recortes y que funciona a golpe de riñón, que también es deficitario sobre el papel, decide que tiene que venir un helicóptero al pueblo para llevar al niño a Madrid.

El 112 se coordina con la Policía Local, esos que también son deficitarios, que se rascan los huevos en sus mesas de oficina y que se creen los amos, para acordonar un descampado multiusos al lado de mi casa, donde está la antigua discoteca HEY, y que el helicóptero pueda aterrizar. Porque aquí no hay helipuerto.

El 112 traslada al niño al descampado, que está al lado del centro de salud, mientras que el helicóptero llega en cinco minutos. A las 12:45 ese niño con la piel a tiras, va volando en busca de una cura, que costará dinero. Y tiempo, y sudores de personas que trabajan a piñón fijo, y cada vez con menos sueldos y beneficios sociales y más presión porque no hay suplencias. Porque están en el ojo del huracán político gracias a comentarios con el señor Joan Rosell, de la CEOE.

Cuando el señor Juan Rosell hable de EREs en la administración, que se imagine a su hijo con agua hirviendo cayéndole por la cabeza.

Evidentemente los padres del pobre niño no pueden ir al hospital en el helicóptero, por protocolo y por capacidad. No tienen vehículo propio, están de visita, así que la Policía Local pide autorización y les desplaza de urgencia a Madrid al Hospital de La Paz, para que están al lado del niño en todo momento.

Esa misma Policía Local que llevó a una madre parturienta al Hospital de Fuenlabrada, porque la Comunidad de Madrid no pone ambulancias en casos de alumbramientos. Esa Policía Local que se arriesgó a salir de su localidad de origen porque había una urgencia médica y social que atender y no lo pensó ni un minuto. Esa Policía deficitaria. Que se rasca los huevos a dos manos.

A partir de aquí es el personal del Hospital de La Paz, completamente deficitario e insostenible, los que han de cuidar por la salud de ese niño. Ese personal que va a librar menos horas y perder poder adquisitivo por segunda o tercera vez para pagar la mala gestión de la crisis.
Posiblemente si eres político o gerente de alguna gran empresa, o miembro de consejos de administración, no estés leyendo esta mierda de blog. Pero ten en cuenta una cosa: no menosprecies a los trabajadores de los servicios públicos de tu país. No nos eches mierda encima. Intentamos hacer lo mejor que podemos, unos vocacionalmente, otros porque no tenemos otra cosa, pagamos religiosamente nuestros impuestos de nuestras nóminas, compramos pan y leche y tiramos de la cadena. Somos gente normal pero hacemos trabajos necesarios, siempre con escasez de recursos y bajo la atenta mirada de personas que creen que somos los funcionarios de Forges.

A los que soltáis sapos y culebras por la boca hablando de los funcionarios: ¿Y si el niño de esta historia fuera vuestro hijo?

2 thoughts on “La crisis de confianza hacia el empleado público y un niño quemado

  1. Casi es mejor que no lo lean los mandamases, políticos y neoliberales que pueblan media España, porque seguro que ven en la idea de los patines una buena excusa para no arreglar los interfonos.

    • Qué valor has tenido para leerte el tochazo!!

      Con la nueva gestión centralizada, las nuevas contratas para toda la Comunidad, y la poca pasta que están autorizando, el centro poco a poco se va cayendo a cachos. Y lo más ilógico de todo es que están construyendo un centro nuevo, a menos de 2 km de este, presupuestado en dos millones de euros. Y todo para que la señorita Esperanza Aguirre se hiciera la foto preelectoral con la primera piedra.

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